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16 sept 2011

stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia. Jorge ha realizado una obra diabólica, porque era tal la lujuria con la que amaba su verdad, que se atrevió a todo con tal de destruir la mentira. Tenía miedo del segundo libro de Aristóteles, porque tal vez éste enseñase realmente a deformar el rostro de toda verdad, para que no nos convirtiésemos en esclavos de nuestros fantasmas. Quizá la tarea del que ama a los hombres consista en lograr que éstos se rían de la verdad, lograr que la verdad ría, porque la única verdad consiste en aprender a liberarnos de la insana pasión por la verdad.

Umberto Eco, El nombre de la rosa 


A lo largo de los días que he dedicado a la lectura de El nombre de la rosa, muchas frases y diálogos me han llamado la atención y me han invitado a reflexionar, pero he elegido estas palabras que Guillermo dirige a Adso casi al final de la novela porque me parecen, ciertamente, de lo mejor de este libro. Un libro que, como el mismo Guillermo hace notar a su pupilo sobre los libros en general, habla sobre muchos libros, aunque la trama gire en torno a uno en especial. El nombre de la rosa es, además de una novela policíaca que te tiene en vilo hasta el final (a pesar de que, como yo, ya conozcas la historia por la película), una especie de compendio de historia y filosofía medievales, un libro en el que se alternan narración y teoría. En un mismo capítulo los dos protagonistas avanzan en sus pesquisas, se cuenta algún episodio de los enfrentamientos entre franciscanos y papado sobre la pobreza de Cristo y hay una disquisición filosófica (o, quizás filosófico-teológica estaría mejor dicho) sobre el orden del mundo o la verdad, fin último no solo de la búsqueda filosófica, sino también de la histórica y la científica. Los protagonistas se mueven en un mundo en el que  se discuten los pensamientos de grandes personajes como Avicena, Averroes, Santo Tomás (y su demostración megaultrasuperguay de la existencia de Dios) o Guillermo de Ockham. Mi personaje favorito, Guillermo de Baskerville, es un franciscano con una manera un tanto singular de ver y el explicar el mundo (es casi, o sin casi, un humanista, pero de los antiguos, de esos que no solo sabían filosofía y latín, sino también matemáticas y medicina) para la época en la que se inscribe la historia (singular, pero verosímil, creo yo, y eso es lo importante en una novela). Creo que este personaje tiene su antagonista (aunque, como observa Adso hacia el final del libro, se trata de dos antagonistas que acaban casi admirándose) en el siniestro benedictino Jorge de Burgos, convencido de que el miedo es el único medio de que Dios y la Iglesia se hagan respetar y consigan emitir la verdad divina, y por ello asustado del (supuestamente) perdido segundo libro de la Poética de Aristóteles, que, según él, podría conseguir que la risa dejara de ser patrimonio y consuelo exclusivo de los simples, para pasar a serlo también de los cultivados; entonces el mundo estaría perdido. Precisamente es contra esto contra lo que se pronuncia Guillermo en el párrafo que citaba arriba, donde advierte a Adso sobre el peligro de los que, como el venerable Jorge, ostentan una excesiva pasión por la verdad. Sabe que la duda es la enemiga de la fe, y aún así duda en no pocas ocasiones. Creo que, si no he entendido mal, al final de la historia incluso llega a plantearse si existe de verdad un orden en el mundo (o sea, que se cuestiona si todo tiene un fin, si todo tiene un sitio en el perfecto plan de Dios). El séptimo día termina con una conversación entre los dos protagonistas en los que llegan a cuestionarse si no existe una forma de demostrar que Dios no existe, pero ésta queda, por desgracia (o por suerte para su fe) sin terminar. Son dos grandes personajes, también Adso, con su tremendo remordimiento y a la vez regocijo por su encuentro con la muchacha en la cocina, que le lleva a una serie de interesantes y apasionadas reflexiones sobre el amor, en las que parece darse cuenta de que no todo es como se lo han explicado (reflexiones que amplía la película en la escena en la que Adso habla de lo ocurrido con Guillermo: "Qué tranquila sería la vida sin amor, Adso... Qué tranquila, y qué insulsa.").

Otra cosa muy atractiva de esta novela es su nombre. El nombre de la rosa. Ya cuando vi la película me pregunté, como supongo que todo el mundo, por qué Eco eligió ese nombre. Al parecer, lo explica en las Apostillas al nombre de la rosa, obra que leeré en cuanto pueda. Pero antes de saber eso, formulé una hipótesis sobre el título del libro, la única, puesto que el resto de las que quiero hablar las he leído en diversos lugares de internet. A mí lo que se me ocurría, cuando al final de la película y cuando en el libro Adso dice que jamás supo ni sabrá el nombre del único amor terrenal de su vida, que la rosa puede ser la muchacha del corazón de buey. Es muy bella, como las rosas, y además la rosa es en muchos casos (si recuerdo bien mis clases de Historia del Arte) símbolo del amor, y también de lo femenino. En el artículo que Wikipedia dedica al libro (siempre leo la Wikipedia con cierto escepticismo, porque si bien es un sitio genial para encontrar fuentes donde investigar sobre el tema que te interese, sus artículos nunca van firmados y no sabes si el que lo ha escrito es un experto en la materia o alguien que no tiene ni idea), se citan las Apostillas, en las que al parecer Umberto Eco explica que el sentido del título es la carencia de significado de la rosa debida a la acumulación de los muchos significados que tiene (parece contradictorio, pero a la vez tiene sentido). Las últimas palabras del libro, que son las que dan título a esta entrada, no hacen sino añadirle más interés al misterio. Después de hacer una traducción un poco macarrónica (otra cosa buena que tiene El nombre de la rosa es que te obliga a practicar tu latín, si lo sabes, y a aprender algo, si no lo manejas), quedaba algo así como "queda del nombre de la primitiva rosa, solo nombres desnudos", lo cual no tiene mucho sentido, así que he buscado una traducción que no hiciera que me dolieran los oídos. Libremente, se podría traducir como "de la rosa solo nos queda el nombre", o "de la rosa solo queda el nombre desnudo", el nombre desnudo, la sustancia sin accidentes, la idea. Este verso está extraído de un poeta que escribió varios poemas sobre el tema del ubi sunt, como las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Puede ser que del laberinto (al que también puede parecerse una rosa), de todo el saber que encerraba la biblioteca, solo quede un recuerdo, o puede ser que de la belleza física de la rosa al final solo queda la idea, el nombre, y quizás eso podría enlazarse con la reflexión final de Guillermo sobre el desorden del mundo, donde no está la Verdad, sino muchas verdades, donde te tienes que inventar un orden que solo te sirve para llegar a tu objetivo y que luego tienes que tirar, como una escalera, sabiendo que bien podrías haber llegado con otra escalera, con otro orden. No hay una Verdad, sino muchas verdades, y por eso creo que Eco sugiere en las Apostillas que la última frase de su novela tiene posibles lecturas nominalistas (el nominalismo niega la existencia de los universales y afirma que solo existen los particulares, los accidentes de los que hablan Aristóteles y Guillermo de Baskerville). Pero no sé si todo esto tiene que ver con el nombre, o si me he perdido en mis reflexiones sobre lo que Umberto Eco nos expone en su novela, porque mis conocimientos de filosofía se reducen a lo que pudieron explicarme en dos cursos en el bachillerato y en lo que he indagado yo sola.

A parte de haber disfrutado, reflexionado y aprendido  con su lectura, El nombre de la rosa me ha llevado a un par de conclusiones más. La primera es que debo dedicarle más tiempo al latín, uno no puede ser historiador de la Edad Antigua o del Medievo sin manejar la que ha sido, primero, la lengua de uno de nuestros más importantes antepasados culturales (la cultura latina), y después, la principal lengua de transmisión de la cultura y el saber en Occidente hasta entrada la Edad Moderna. También debería retomar el griego. La segunda es que, aunque no sea creyente sino atea, como futura historiadora tengo que leer  y conocer la Biblia, por ser el libro de referencia de la cultura que ha sido mayoritaria y dominante en Occidente y el Mediterráneo desde hace casi dos mil años. Y, por supuesto, también debo leer y conocer el Corán. Y debería volver a un montón de lecturas filosóficas que tengo aparcadas desde hace tiempo, por placer pero también como deber de futura humanista. Adso ya estaría pidiendo a Dios que perdonara mi soberbia intelectual, como pide por la de su maestro.

Y así se acaba el descanso vacacional, y si la Musa quiere, escribiré a menudo.

27 jul 2011

Berlín: contrastes y provocación

El jueves pasado estuve en el (maravilloso, fantabuloso, fantástico, apabullante) Pergamomuseum, y en sus salas sobre las antiguas civilizaciones de Oriente Medio encontré este bajorrelieve donde un águila punki de más de 3000 años aparece junto a otros seres mitológico. ¿Águilas punkis mesopotámicas? Sí, en Berlín, por qué no.

En la semana que llevo aquí, la impresión que me he llevado de Berlín es que es una ciudad única que supone un fuerte contraste con cualquier otra ciudad (al menos, europea). Por eso he elegido la imagen del águila punki, porque es algo raro y único como muchas otras cosas en Berlín (aunque en verdad no sea ningún águila punki). No sé si en alguna otra ciudad de Europa puedes encontrar un monumento a los homosexuales perseguidos por diferentes regímenes, o puedes estar a punto de morir atropellado por una bici en lugar de por un coche (bueno si, es verdad, en Amsterdam). También es una ciudad con contrastes internos: las zonas residenciales del oeste y la arquitectura soviética de los barrios del este, modernos edificios construidos tras la caída del muro y casas que no fueron destruidas en la guerra conviviendo en la misma calle, grandes salas de música y antros de rock 'n' roll, ricas y emperifolladas señoras y músicos mendigando unas monedas en el mismo vagón de metro. También es una ciudad que en muchos casos busca la reacción a través de la provocación: el impresionante monumento a los judíos asesinados por el III Reich, el ya mencionado monumento a gays y lesbianas consistente en un cubo en cuyo interior puedes ver un video en el que dos hombres se besan, las esculturas y reivindicaciones de Tacheles... También puede ser el paraíso para un músico: abundan los conciertos de toda clase de música (yo sobre todo me estoy dedicando a los de rock, jazz y clásica) a precios bastante asequibles para estudiantes pobres o incluso gratis. Berlín es la ciudad para estar ahora.

Solo llevo aquí semana y media, así que ya iré puliendo mis impresiones sobre la vida en Berlín y colgándolas cuando pueda. Hasta entonces: auf wiedersehen!

Próximas entregas:
  • Berlín: la ciudad de los filósofos.
  • Berlín: la ciudad de los músicos.

22 may 2011

La clave está en Sol


No estaría mal que la clase política aprendiera a comportarse y a hacer las cosas como las hacen los que acampan en Sol. La única bandera que enarbola este movimiento es la del respeto, respeto a todos los que quieran acercarse para unirse a la protesta ciudadana y enriquecerla con su opinión. El humor, a pesar del clima de indignación que inspira la protesta, también está en el aire: si viene la policía, sacamos las uvas y les felicitamos el año nuevo. Espero que tras las elecciones el movimiento continúe, y nada parece indicar lo contrario. En algunos barrios de Madrid ya hay asambleas programadas para el sábado 28. Creo que es la primera vez en mi vida que tengo la sensación de formar parte de la Historia, y no me perderé la asamblea de mi barrio.

¡La voz del pueblo nunca será ilegal!
No somos antisistema, el sistema es anti nosotros.


Sol TV

21 may 2011

The Times They Are a-Changin'

Odio que los viernes por la noche la gente haga botellón enfrente de mi casa. Pero eso hoy me importa menos. Terminados los exámenes, he podido ir por fin a Sol. Y lo que hay en Sol es impresionante.


Personas de toda edad y condición en un movimiento de protesta ciudadana que no se define por la fidelidad a ningún partido.


Una protesta que sorprende por su genial organización. Existen varias comisiones, cada una encargada de una cosa. Reinan el civismo y el respeto, valores que los organizadores piden a todo el que se sume a la protesta. Les entrevistan los de Intereconomía, buscando provocarles, y ellos les descolocan sin despeinarse y responder a sus provocaciones. Piden que por favor la gente no vaya a montarla, porque es una protesta pacífica. Que no se lleve alcohol, mejor agua, para hidratarse.


Más de 300 ciudades en todo el mundo y ya 160 solo en España donde el pueblo se ha echado a la calle para pedir pacíficamente cambios en un sistema que en muchos aspectos beneficia a unos pocos y jode a la mayoría. En el que, como dice Marcuse en El hombre unidimensional, nos creemos muy libres pero, paradójicamente, no lo somos.


La puerta del Sol de Madrid entera sentada y en completo silencio por un minuto sí que no tiene precio.

No sé si la protesta servirá de algo de cara a las elecciones de mañana (no puedo evitar guardar cierto escepticismo), pero desde luego creo que tendrá repercusiones a largo plazo, que esto es el principio de algo. Ya solo el hecho de que tantos ciudadanos se hayan reunido para protestar en tanto que ciudadanos, sin atender a opciones políticas, me parece importantísimo. He sentido mucha alegría al ver que no solo no toda la sociedad está aborregada, sino que, al contrario, hay mucha más gente crítica con el sistema de lo que yo creía, y con ganas de cambiarlo. A lo largo de los treinta años de democracia en España, nunca se había producido un movimiento de estas dimensiones contra la naturaleza del sistema, aunque sí para protestar contra las políticas de gobiernos en concreto o contra el terrorismo (el no a la guerra en 2003, un montón de huelgas durante los gobiernos de Felipe González, la manifestación contra ETA tras el secuestro de Miguel Ángel Blanco). Quizás sea un sentimiento infantil, pero me siento orgullosa de haber estado ahí, guardando silencio y agitando mis manos, y después mis llaves. Ahora toca descansar después de una dura semana de estudio, pero mañana hay que volver a Sol.

¡No, no, no nos representan!



Los tiempos están cambiando. Ojalá el cambio sea posible.

P.D.: si queréis enteraros mejor de lo que dicen y quieren exactamente los que acampan ahora mismo en ciudades de todo el mundo, os recomiendo que os paséis por Sapere Aude, donde su autora lo explica de forma clara.
P. P. D.: Nobody expects the spanish revolution! xD

8 may 2011

Mayo de exámenes

Hola, lectores. Mi temporal abandono del blog solo puede ser síntoma de una cosa: ¡EXÁMENES! Sí, ya llegan, ya están aquí. Mientras estudio y decido qué hacer este 22 de mayo (aún no sé si votar -y en ese caso ¿a qué partido, si ninguno me convence demasiado? ¿O en blanco?-, abstenerme, o cortarme las venas), os dejo esta joya del rock setentero que el otro día tuve la suerte de oír en directo (aunque no de boca de los Beatles, obviamente).


24 abr 2011

Permanencias

Festival de Opet, Egipto, c. 1400 a.C.

Semana Santa, Cáceres, 2011

Mi profesora de Historia del Arte en Bachillerato solía insistirnos mucho en las conexiones existentes entre el arte de distintos periodos de la Historia. Esto no era siempre solo un rasgo que añadir en el examen.

En el antiguo Egipto, durante el festival de Opet, la estatua del dios Amón era llevada en procesión sobre una barca sagrada desde el templo de Karnak hasta el de Luxor, y a los pocos días la estatua era devuelta a Karnak por el río Nilo. La procesión cosechaba un gran seguimiento por parte de los tebanos.

Hoy en día, en España, durante la Semana Santa se sacan imágenes de vírgenes y Cristos varios, y la gente se agolpa en las calles igual que los tebanos durante el festival de Opet. Las actuales procesiones no son, pues, nada original.

Es curioso ver, una vez más, como a pesar del paso del tiempo, hay cosas del ser humano y de las sociedades que no cambian.

12 abr 2011

La globalización: ¿un invento nuevo?

El instituto donde cursé el bachillerato tiene muchas cosas buenas. Una es la tradición de invitar, con motivo de los premios a las mejores notas en Latín y Griego de la promoción anterior, a un estudioso del mundo clásico a dar una conferencia a los alumnos del instituto. Los dos últimos años he acudido a la conferencia como escuchante; hoy he tenido la suerte y el orgullo de acudir como una de las premiadas. Otra gran suerte ha sido escuchar las palabras que el conferenciante de este año, el profesor Bernardo Souvirón, nos ha dirigido hoy. El último sueño de Roma: la globalización, ha sido el tema elegido por el autor de Hijos de Homero (libro que, si no habéis leído, os recomiendo encarecidamente) para su intervención. Sobra decir que me ha encantado, y que el profesor en persona es aún mejor en Radio Nacional. La conferencia ha sido un recorrido por los experimentos globalizadores (o intentos de universalizar) de diferentes momentos de la Antigüedad. Ha sido genial la reflexión sobre el sueño globalizador de Roma que nos ha planteado. En el siglo I, no solo los nacidos en Roma podían decirse romanos; también los nacidos en Emerita Augusta o Siria. (evidentemente, esto hay que mirarlo en su contexto: esto no se aplicaba a los esclavos. Solo los hombres libres podían ser considerados romanos. Aún así, sigue siendo un gran paso plantearse aunar a todos los hombres bajo un mismo derecho y una misma administración, ). Pero no solo era eso, es que Roma se preocupaba por cuidar ese sueño de globalización, por permitir, en la unidad, la diversidad. En los lugares que fueron, tiempo ha, parte del imperio, quedan restos de la administración que Roma se preocupaba de establecer en las provincias: acueductos, teatros, termas, carreteras (en este punto no he podido evitar acordarme de esto). Sin embargo, y aquí viene lo que más me ha gustado, ¿qué queda en Vietnam o Irak de los imperio que han pretendido que llevaban la democracia a dichos lugares? Nada. El sueño globalizador de los imperios francés e inglés y de los Estados Unidos es muy diferente al que pretendió Roma, aunque éste fracasara. También han sido interesantes las consideraciones sobre el particular concepto de democracia que tenían los atenienses ,basadas en un texto de Tucídides, y una observación, también sacada de Tucídides, que ha hecho el profesor Souvirón: la guerra es una feroz maestra; ha sido la maestra de Occidente desde antes de la época de Homero. Sin embargo, esto no significa que la paz sea un sueño. En fin, no se me ocurre una forma mejor de demostrar que no hemos cambiado tanto en dos mil años y de enlazar el mundo antiguo con el actual.

16 mar 2011

Con la Iglesia hemos topado, Sancho amigo... Y otras cavilaciones

No es que se haya producido una sequía de ideas en mi cerebro, no. Más bien al contrario, me pasa lo de siempre: muchas ideas, pero poco tiempo para escribirlas o poca idea de cómo hacerlo. Tengo tantas cosas que contar, y me cuesta tanto...

El caso es que una no puede ir una mañana a la universidad tan tranquila sin que le asalten noticias como esta.Ya había oído tiempo ha que el arzobispado de Madrid quería convertir los jardines de las Vistillas en una especie de Vaticanolandia. En ese momento pensé que las autoridades pertinentes no lo permitirían y lo pararían, así que me olvidé del asunto. Craso error, adjudicable, yo creo, a la inocencia que a veces me caracteriza. La Iglesia se pasó por el forro (la recurrió) la anulación de la modificación del Plan General de Ordenación Urbana del Ayuntamiento que permitía llevar a cabo la obra en las Vistillas. Sin embargo, desde el arzobispado "aseguran que actuaron con licencia municipal, pero el Ayuntamiento lo niega". O sea, que encima de acometer una obra para la que no tienen permiso, van y tienen el morro de prometer que lo hacían con el beneplácito del Ayuntamiento. Si todo se quedara ahí, me enfadaría, pero hasta cierto punto entendería la actuación al ser su autora la Iglesia. Pero es que la cosa no se queda ahí, si no que además han sepultado uno de los pocos tramos conservados de la cerca que rodeaba Madrid durante el reinado de Felipe IV, licencia en mano según ellos. Y su plan era construir en toda la zona de los jardines de las Vistillas, las inmediaciones del seminario de Madrid y en los jardines del seminario, que en su día fueron los de los Duques de Osuna, o sea, uno de los pocos vestigios del Madrid de la primera Edad Moderna que quedan. La Iglesia es una institución que me produce rechazo, pero siempre he tenido que admitir que el patrimonio histórico que conserva lo conserva bien, por eso me ha parecido tan alucinante que hayan enterrado tan tranquilamente un trozo de muro del Madrid del Siglo de Oro para empezar a construir su mini Vaticano de mierda. Por suerte les han parado los pies (por el momento, porque sabiendo quién está en el gobierno de Madrid, no me extrañaría que hicieran más caso a la Iglesia que a los vecinos de la zona que se quejan de la acción del arzobispado). En palabras del loco hidalgo castellano: ¡Con la Iglesia hemos topado!

Iba a dejar esta entrada ahí, pero hace un rato he leído que la OTAN se prepara para lanzar un ataque a Libia después de que ayer la ONU publicara una resolución en la que permitía la acción. Algunos dicen que por fin. Yo misma lo digo. Pero después no puedo evitar preguntarme si Occidente está haciendo bien. Veo bastante claro que Libia estará mejor sin Gadafi, aunque no sepamos qué va a venir después. Y para que Gadafi se vaya de Libia, hay que apoyar a los rebeldes. Hasta ahí bien. Pero, ¿y después? Quiero decir, ¿se quedará en un mero apoyo militar?, o, si Gadafi es derrocado, ¿querrán Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y otros países seguir interviniendo? ¿Dejarán la elección de un nuevo gobierno a los libios o pondrán allí un títere que les asegure el petróleo barato y de buena calidad? Es, al menos, preocupante. Con esto no quiero decir que crea que los rebeldes no deban recibir ayuda, de hecho ya podrían haberla recibido antes. Lo que pienso es que los países que presten ese apoyo deben, una vez sea derrocado Gadafi, abandonar el territorio libio y dejar que el pueblo elija libremente a sus gobernantes. Y que no pase lo que pasó en Argelia cuando se legalizó el pluripartidismo, Occidente aplaudió, ganó las elecciones un partido islamista, y, paradójicamente, Occidente respiró tranquilo cuando el ejército argelino declaró el estado de excepción e impidó al partido ganador ejercer el poder, dando lugar a una larga guerra civil. Que aquí en Occidente nos metemos en los asuntos de los demás alegando que queremos extender la democracia por todo el mundo (ese es, por ejemplo, el argumento preferido de Estados Unidos), pero si los demás toman decisiones que les favorecen pero que a nosotros no nos gustan, nos permitimos el lujo de intervenir. Las intervenciones exteriores solo son lícitas en casos en que los gobernantes oprimen claramente al pueblo, o al menos así debería ser. Que Libia no se convierta en otro Irak, por favor.

No podría terminar esta entrada sin decir algo de Japón. También es un tema complicado. Sin entrar ya en el tema del terremoto y el tsunami (me quito el sombrero ante el civismo y la calma que son capaces de mantener los japoneses), ¿se va a convertir realmente esta en la mayor catástrofe nuclear de la Historia? A mi alrededor tengo personas de las dos opiniones y de opiniones intermedias. Mis padres son físicos, así que sus explicaciones me permiten hacerme una idea de lo que supone la fusión del núcleo y el escape de radiactividad. El otro día tuve un momento de pánico al pensar que el viento podía llevarse parte de la radiactividad que están dejando salir los reactores de Fukushima hasta Tokio. ¿Cómo narices evacuarían a tanta gente? Sin embargo, otros dicen que los niveles de radiación no son especialmente altos, y que, realmente, es poco probable que el accidente afecte a más allá de 30 km alrededor de la central. Unos hablan de apocalipsis (un poco exagerado, creo yo), otros dicen que los niveles de radiación todavía no son perjudiciales para la salud. Ayer un amigo me dijo muy seguro que se estaba exagerando mucho lo que pasaba, que en realidad solo una provincia de Japón se había visto afectada por el accidente nuclear, el terremoto y el tsunami. Una ya no sabe qué creer. Lo que sí que se ve bastante claro estos días es que estos sucesos vuelven a poner sobre la mesa el tema de la energía nuclear. A mí, desde que empecé a entender algo (muy poco, por desgracia) de física, mis padres me han explicado que las centrales nucleares producen bastante más energía que cualquier otra fuente. También me han dejado muy claro que, en la otra cara de la moneda, la nuclear de fisión es una de las energías más peligrosas de todas (aún recuerdo los documentales del 2006 sobre el 20 aniversario de Chernóbil, se me helaba la sangre). Sin embargo, la de fusión, en la que casi nadie invierte dinero (porque producir una fusión es bastante más complicado que producir una fisión, y, por tanto, conlleva una infraestructura más complicada y cara), es limpia, y con la producción que una nuclear de fusión tendría podríamos prescindir de varias centrales térmicas, que son bastante contaminantes (ahora se está construyendo la primera central de fusión nuclear en el sur de Francia). También está el tema de las renovables, en las que tampoco se invierte demasiado dinero por lo caros que son los paneles solares o los aerogeneradores. Ahora se vuelve a hablar de cerrar las centrales nucleares de fisión. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a reducir nuestro consumo energético? Porque, si cerramos las nucleares (como yo creo que habría que hacer), habrá que reducir el consumo energético, ya que dichas centrales cubren más o menos un 20% de la demanda energética en España. Habría que replantearse, si se cierran las nucleares, en qué urge más que el Estado se gaste el dinero de sus ciudadanos: ¿en energías renovables, menos productivas pero más limpias, y en proyectos sobre la fusión nuclear, o en las terriblemente necesarias autopistas (siempre me he preguntado cómo, con el buen transporte que hay en España, por qué hay familias con dos y hasta tres coches)?

El mundo está loco. Siempre lo ha estado, pero creo que conforme voy creciendo, voy entendiéndolo. Me doy cuenta de cosas que antes no percibía. Si ahora tuviera 7 años, sería menos consciente de la cantidad de cosas de están ocurriendo ahora mismo, todas a la vez, todas rápido. Si hasta ayer me preguntaron que qué opinaba como historiadora (traté de que no se me notara demasiado, pero me encantó esto de que ya me traten como historiadora cuando todavía estoy en primero) de las revueltas que se están produciendo en el mundo árabe. Vivimos en un mundo que se mueve, y con él las personas, a una velocidad vertiginosa.

8 feb 2011

Antisemita y nazi

Una ve esto y se sube por las paredes.

A mí Trinidad Jiménez me la refanfinfla, ni me va ni me viene. Lo que no me la refanfinfla es que la gente use mal la lengua y se invente falacias (en eso los sionistas son expertos). Sobre todo cuando ves que hay gente que se las cree.

Vayamos por partes. ¿Qué es eso de llamar antisemita a una señora que no ha proferido una sola palabra en contra de los judíos? Eso suponiendo que tomemos como significado de antisemita el que ahora le da todo el mundo. Este tema es interesante. Veamos que dice la RAE respecto a la palabra semita:

semita (1).

1. adj. Según la tradición bíblica, descendiente de Sem. U. m. c. s.

2. adj. Se dice de los árabes, hebreos y otros pueblos. U. m. c. s.

3. adj. Perteneciente o relativo a estos pueblos.

He resaltado la segunda acepción de semita por ser la que más concierne al tema que trato. Bien. Podríamos entrar a discutir sobre la definición de pueblo según épocas y pensamientos, pero creo que ahora no viene mucho al caso. Según esto, podriamos decir que los semitas son los hebreos, pero también los árabes (y otros pueblos). Los árabes son los naturales de Arabia, y, generalizando, de Oriente Medio (aunque no todos, los turcos y los iraníes o persas no), entre los cuales encontramos practicantes de variadas religiones (que tradicionalmente han sido la cristiana, la judía y la musulmana) e incluso ateos. No es muy difícil deducir de ello que, entonces, el antisemita será el enemigo de cualquiera de estos pueblos (hebreos, árabes y otros). No obstante, la RAE no opina lo mismo:

antisemita.

1. adj. Enemigo de la raza hebrea, de su cultura o de su influencia. Apl. a pers., u. t. c. s.


Es curioso, pero el hecho es que la lengua no tiene por qué ser siempre lógica; la lengua está viva y los hablantes la moldeamos continuamente. En el uso habitual del castellano, el antisemita es aquél que está en contra de la raza hebrea (hm, yo pensé que la raza era la humana, pero bueno...). Yo no soy una estudiosa del castellano y no voy a meterme a rebatir las resoluciones de los académicos, pero no estoy de acuerdo con esta acepción de antisemita.

De todas formas, supongamos que el antisemita es el enemigo del judío. Los señores que han insultado a la ministra la acusaban de odiar a Israel. Como ella misma ha dicho, todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión (aunque en concreto la de estos señores sería muy discutible, porque vale, sí, la cooperación española trabaja ayudando a los palestinos en Hebrón y en otros lugares, pero España no es precisamente uno de los países más críticos con Israel), pero creo que si vas a decir tonterías sin sentido y a no ser consecuente con lo que dices, mejor te callas. Porque hemos quedado en que el antisemita es el que odia a los judíos, no a los israelíes, y a ella la acusaban de odiar a Israel, así que deberían haberla llamado algo así como anti-israelí. Para mí los judíos y el Estado de Israel que se fundó en 1948 no son la misma cosa. Porque muchos judíos defienden Israel, pero otros no. Otros critican el sionismo y sobre todo las acciones contra los palestinos llevadas a cabo por los gobiernos que se han ido sucediendo desde la fundación del Estado judío en Israel. Comento este episodio porque a mí me han llamado antisemita por llevar una palestina al cuello, y he tenido que explicar a los que así me tildaban (a parte de que la palestina ya era usada en la región mucho antes de que empezara el conflicto entre palestinos e israelíes) que yo no tengo nada en contra de los judíos, sino de Israel y del sionismo. Me molesta mucho la gente que hace comentarios al tun-tun sin saber de qué está hablando. Y también me molestan los que, de forma anacrónica, recurren a un pasado lejano y a unas ideas que se ajustan a ese pasado pero no al presente para decir "oh, pobrecitos nosotros", tal y como hacían esta mañana los increpadores de la ministra de Exteriores:

Los colonos mostraban pancartas en español en las que se podía leer: "Hace más de 500 años España echo a los judíos a Hebrón, la pregunta es si ahora nos quieren echar también de Hebrón". (extraído de la página de RTVE citada al principio)

También me han llamado nazi por llevar la palestina, demostrando la gran mayoría de la gente no solo no tiene ni puñetera idea de historia, sino que además tampoco se entera de nada de lo que pasa en el mundo en el que vive. Por otro lado, no es raro que ciudadanos de un Estado cuya existencia se debe al arrepentimiento de los Aliados al final de la Segunda Guerra Mundial ante la monstruosa matanza de judíos que había llevado a cabo el nacionalsocialismo (y a otros factores, como los chanchullos que se trajo entre manos el Imperio británico tras la Primera Guerra Mundial con los sionistas y con los árabes) acusen de nazi (y antisemita) a todo aquél que ose ir en su contra; al fin y al cabo el Holocausto es uno de los argumentos favoritos de Israel a la hora de excusarse (sobre el uso político de la memoria del Holocausto a lo largo de la historia de Israel recomiendo el capítulo 8 del libro de Peter Novick Judíos, ¿vergüenza o victimismo?). Sin embargo, yo propondría a los israelíes, especialmente a sus sucesivos gobiernos y a su ejército que se miraran al espejo y que se preguntaran si no se han convertido en una nueva forma de nazismo. El cuatrimestre pasado tuve que leer para clase La lengua del Tercer Reich, en uno de cuyos capítulos Klemperer, su autor, se sorprendía ante el alarmante parecido entre las ideas de Herlz, el ideólogo del sionismo, y las de Hitler (incluso llega a proponer la posibilidad de que, durante sus años en Viena, Hitler llegara a oír o a leer a Herlz). Los responsables del Estado de Israel han llevado las ideas de Herlz al extremo (Herlz creía que el judío era el pueblo elegido, pero no creo que afirmara en ningún momento que era necesario masacrar a los palestinos) y se han convertido en unos nuevos nazis, solo que ellos en lugar de masacrar judíos maltratan a los que les impedían imponer su Estado. Los nazis metían a los judíos en campos de concentración, y el Estado de Israel obliga a buena parte de los palestinos a vivir concentrados en la Franja de Gaza y Cisjordania, rodeados en el caso de esta última región por un muro construido con fines "antiterroristas" y vigilado constantemente por el ejército israelí. Eso por decir algo. No veo tanta diferencia entre unos y otros. Quizás Israel debería preguntarse quién es verdaderamente nazi.

1 feb 2011

Legitimidades

Hace poco leí un libro de Amin Maalouf, El desajuste del mundo, en el que su autor dedica parte de sus explicaciones a la importancia capital que tiene la legitimidad para cualquier régimen. Curiosamente, Maalouf ejemplificaba sus explicaciones con el caso de Egipto durante el gobierno de Gamal Abdel Nasser. Este hombre se convirtió en el héroe de las poblaciones de los países árabes, del movimiento panárabe y de los opositores al sionismo y al control occidental cuando plantó cara a Francia e Inglaterra, y con ellos a Israel, al resolver la nacionalización del canal de Suez. En su libro, Maalouf cuenta cómo poco a poco fue perdiendo la legitimidad que le había dado ese hecho, hasta que ésta desapareció por completo cuando las tropas israelíes masacraron a las egipcias en la Guerra de los Seis Días. Desde entonces, e incluso se podría decir que desde antes (desde la descolonización comenzada tras la Segunda Guerra Mundial), el mundo árabe, en lugar de continuar el camino hacia una independencia cada vez mayor y una mejora de la vida de sus gentes, se ha ido enzarzando cada vez más en conflictos varios. Edward Said explica, y aquí lo refiero de forma muy simplificada, que el retraso de una parte del globo terráqueo que hace tan solo unos siglos era su centro y, desde luego, más avanzada que Occidente en muchos aspectos, tiene mucho que ver con el autoconvencimiento del pueblo árabe de su propia inferioridad. Amin Maalouf aduce que el pueblo árabe está embargado por el odio, por un odio que tiene una doble dimensión: odio hacia las potencias occidentales que los han ocupado y humillado, pero también odio hacia ellos mismos, por su impotencia ante las ocupaciones occidentales y ante Israel, un país que en 1967 pudo derrotar a una coalición de países árabes, países que hasta hace no tantos siglos habían formado parte de un poderoso imperio al que pocos se atrevían a soplar.



En este principio de 2011 estamos siendo testigos de unas revueltas que, si dieran lugar a cambios y transiciones bien llevadas a cabo, podrían significar importantes transformaciones en el mundo árabe. Primero Ben Alí en Túnez y ahora Mubarak en Egipto, estos líderes han perdido, como Nasser, su legitimidad. Hasta el presidente de los Estados Unidos le ha pedido al presidente de Egipto que dimita para que se pueda producir una transición a un sistema democrático de verdad y no solo de boquilla. Antes de ayer leí a un analista diplomático que decía, además, que la marcha de Mubarak, que, en palabras de los sionistas israelíes, es un "amigo", podría significar el fin del bloqueo de Gaza. No estoy segura de esto y tampoco sé qué opinarían los Estados Unidos de ello, pero desde luego está claro que el cambio en Egipto sería una oportunidad para el cambio en Oriente Medio. No puedo evitar querer ser optimista y pensar que quizás se pueda producir ahora lo que no se produjo ni tras las independencias de algunos países árabes tras la Primera Guerra Mundial ni tras la descolonización, es decir, el momento en el que los ciudadanos de los países árabes sean los que pasen a ocuparse de sus propios asuntos. Pero tampoco puedo evitar pensar que va a ser un cambio muy difícil. Egipto podría convertirse en una república islámica al estilo de Irán si se producen unas elecciones democráticas y las ganan los Hermanos Musulmanes, lo que podría suponer en Egipto la aplicación estricta de la sharia, o no, como en el caso de Turquía, que ahora mismo está gobernada por un partido islamista. También podría ocurrir que ganara un partido que enarbolara otras propuestas, y quizás Egipto dejaría de ser uno de los principales aliados de Israel en la zona, quizás el país del Nilo tendría por fin un sistema político donde existiera de verdad la pluralidad, quizás se acabarían los presos políticos , quizás se rompería el bloqueo de Gaza (no sé qué consecuencias traería esto último).
Pero todo esto solo son conjeturas de una estudiante de Historia que cree en la capacidad de los países árabes para luchar y decidir su propio futuro, posiblemente por culpa de los escritos de su admirado Amin Maalouf, entre otros. Ahora solo queda esperar, y de momento parece que Mubarak se resiste a irse.

27 ene 2011

Metáfora del historiador basurero

Contemplo con tristeza la inexistencia de comentarios a mis entradas, pero me obligo a mí misma a que no cunda el pánico. Seguiré contando cosas. Hoy un profesor, hablando de la dificultad que entraña definir qué es la Historia, nos decía que la sociedad se suele valer de metáforas para explicar a qué nos dedicamos los historiadores. Así, por ejemplo Marc Bloch, gran renovador de la disciplina en las primeras décadas del siglo XX, decía que un historiador es como un abogado, busca argumentos que prueben una verdad. Nos han salido otras métaforas curiosas: juez, traductor, médico (ésta es especialmente peculiar), detective... Pero la más divertida ha sido una que ha propuesto el propio profesor, parafraseando a un historiador francés cuyo nombre no recuerdo.

Imaginad un bar. Entra un hombre que se sienta en la mesa de la esquina, pide una copa de vino y se la va bebiendo lentamente. Se tira horas sentado en su esquina, observando a la gente que se encuentra en el local. Ese es el antropólogo. Ahora entra otro hombre que, muy rápidamente, reparte unas encuestas a todos los clientes del bar, espera a que las rellenen, las recoge y se va. Ese es el sociólogo. Y por último entra uno que se va directo a la papelera, a investigar la basura que han ido arrojando los clientes. Ese, señores, es el historiador. Nosotros utilizamos los "deshechos", los restos del pasado (documentos, objetos, restos arqueológicos) para construir discursos sobre ese pasado.

Me parece una metáfora bastante acertada porque, básicamente, es eso a lo que se dedica un historiador, a escarbar en un archivo o donde sea que se encuentren sus fuentes y, en base a ellas, a construir un discurso. Porque, como ya nos quedó bastante claro a principios de curso al leer a Keith Jenkins, la Historia no son sino discursos sobre hechos pasados, aproximaciones a la verdad que todo historiador busca, siendo consciente de que nunca llegará a ella, pero también de que su deber es acercársele lo más posible. Si llega otro historiador después que aporta fuentes nuevas que amplían o varían el conocimiento que se tenía sobre ese hecho y que nos acercan más a la verdad, pues mejor que mejor. La Historia no puede aplicar el método científico clásico, basado en la experimentación, pero sí otro método o criterio también muy típico en el mundo de la ciencia: el criterio de falsación, que establece que el conocimiento científico es todo aquél que puede ser discutido, porque así avanza la ciencia. A base de debate. En ella no hay lugar para los dogmas.

Me encanta la filosofía de la historia.